Jóvenes y alcohol: este verano nada de abusos

Escrito por Ribera Salud

En los últimos años en España, el consumo de alcohol entre la población juvenil ha aumentado sensiblemente, siendo la droga psicoactiva más consumida, de la que más se abusa y la que más problemas sociales y sanitarios causa. Esta generalización del consumo y modas como el botellón, están facilitando el incremento, por parte de los jóvenes, del consumo de alcohol en forma de borracheras. Nuestros especialistas analizan en este artículo, cómo afecta el alcohol a los jóvenes y qué medidas pueden adoptarse para prevenir y moderar su consumo.

¿Cómo afecta el alcohol al cerebro de los jóvenes?

A lo largo de su ciclo vital, el cerebro experimenta cambios que serán más importantes en unas épocas que en otras. Uno de los momentos evolutivos claves es la transición de la infancia a la edad adulta, es decir, la adolescencia, periodo en el que el cerebro experimenta una gran transformación, siendo, por tanto, muy vulnerable.

Si durante este momento único en el crecimiento del cerebro interfiere el alcohol de forma intensiva, las consecuencias sobre éste pueden ser notorias:

  • Reducción del flujo sanguíneo,
  • Baja capacidad de retener información,
  • Baja capacidad de atención,
  • Baja capacidad organizativa
  • Toma errónea de decisiones
  • Aumento del riesgo de un posterior abuso y dependencia del alcohol.

¿Cuáles son los riesgos del consumo intensivo de alcohol?

  • Físicas: Vómitos, desmayos, lagunas temporales, afectación de la maduración cerebral.
  • Sociales: Causar vergüenza, ponerse groseros o desagradables, arrepentirse de conductas durante el consumo, ofender a los demás, generar disputas, dejar de realizar otras conductas lúdicas.
  • Profesionales/escolares: No asistir al trabajo/clase por indisposición, bajo rendimiento, dejadez de responsabilidades, afectación de los procesos de aprendizaje y memoria.
  • Conductas de riesgo asociadas: Peleas, mantener relaciones sexuales sin protección, gamberradas, conducción temeraria, daños a la propiedad, mayor riesgo de desarrollar una posterior dependencia.

¿Cómo podemos reducir riesgos?

  • Si decides beber, controla que el uso y la frecuencia sean esporádicos, ocasionales y moderados.
  • No tomes alcohol con el estómago vacío. ¡Come!
  • Para moderar el consumo, comienza la noche bebiendo lo más tarde posible.
  • Toma bebidas con una graduación baja y altérnalas con otras SIN alcohol (zumos, agua, refrescos…).
  • Evita mezclar diferentes bebidas alcohólicas.
  • Bebe lentamente y saboreando.
  • Aprende a rechazar copas: no es lo mismo que rechazar amistades.
  • Evita participar en rondas o hacer botellón, con ello sólo conseguirás beber más cantidad y más rápido de lo que en realidad te apetece o puedes aguantar.
  • Evita conducir bajo los efectos del alcohol. Los accidentes de tráfico son la primera causa de muerte en jóvenes menores de 25 años y muchos sobreviven pero con discapacidades.
  • No dejes conducir a un amigo que ha bebido.
  • Tú eres quien decide: no bebas si no te apetece. Tampoco incites a otros a beber si no quieren hacerlo.
  • Si eres menor de edad, no tengas prisa en experimentar. Cuanto más tardes en beber, ¡mejor! Más madura será la decisión.



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